Esta obra nació de una colección de pequeños momentos: colores que vi en la calle, una textura que apareció en un cuaderno viejo, una luz que se filtró por la ventana en el instante justo. Nada de eso parecía importante por separado, pero juntos formaron el punto de partida de esta pieza. Me gusta pensar que la inspiración funciona así, en fragmentos que se van uniendo sin que nos demos cuenta.
El proceso fue una mezcla de observación y paciencia. Empecé probando combinaciones que no tenían un destino claro, dejando que los materiales me sorprendieran. Hubo capas que desaparecieron bajo otras, decisiones que cambiaron el rumbo y detalles que surgieron casi por accidente. Cada paso fue construyendo una narrativa visual que no había planeado, pero que terminó siendo más honesta que cualquier idea inicial.
Al final, la obra refleja ese camino lleno de pequeñas revelaciones. No es solo un resultado estético, sino un registro de cómo los fragmentos cotidianos pueden transformarse en algo nuevo cuando se les da atención. Esta pieza es un recordatorio de que la creatividad no siempre llega como un destello, a veces se construye lentamente, pedazo a pedazo.

