En esta pieza quise detenerme a escuchar el ritmo interno que aparece cuando trabajo sin prisa, dejando que la obra avance a su propio compás. A veces, antes de que surja una forma o un color, lo que aparece es una cadencia: una sensación de movimiento que todavía no tiene imagen, pero que ya marca una dirección. Ese fue el punto de partida de este proyecto.
Comencé explorando trazos sueltos, casi improvisados, que poco a poco fueron encontrando una coherencia inesperada. Cada gesto parecía responder al anterior, como si la obra estuviera construyendo su propio lenguaje. No buscaba representar nada concreto, sino capturar esa vibración silenciosa que se esconde detrás de cada decisión creativa.
A medida que avanzaba, descubrí que la pieza pedía equilibrio entre lo intuitivo y lo deliberado. Hubo momentos en los que tuve que detenerme, observar y permitir que la composición respirara antes de continuar. Otros, en cambio, fueron impulsivos, casi automáticos, como si la mano supiera antes que la mente hacia dónde debía ir.
El resultado final es una obra que habla desde ese ritmo oculto: una combinación de capas, matices y silencios que invitan a mirar con calma. Más que una imagen, es un registro del tiempo que pasé con ella, de la escucha atenta y del diálogo constante entre intención y azar.

